trio_de_amigos

POKER DE TRIOS Parte 1

Una de las cosas que no aguanta mi pareja es que le hable de mis viejos escarceos cariñosos, aquellas historias y desventuras (que ahora os relato) que sucedieron ya antes de conocerla a ella. Mas verdaderamente lo que más detesta es que alguna de aquellas personas, que compartieron lecho conmigo, prosiga teniendo una relación de amistad (si bien no viva en exactamente la misma urbe y no nos veamos desde hace unos años) y charlemos por teléfono en ocasiones. Esta historia es la que más la saca de quicio.

Mónica y Sandra son 2 hermanas que conozco desde el momento en que era pequeño. Mónica es de mi misma edad, una rubia exuberante con grandes pechos y extensas caderas, todo heredado de su madre. Como persona podría decirse que es algo tímida con los ignotos, seria y con tendencia a la melancolía. Con ella he tenido grandes hablas sobre como reparar el planeta. En cama es cariñosa, melosa y sobre todo muy dulce, se deja llevar y no es exageradamente tendente a “cosas extrañas” en lo que se refiere al sexo se refiere. Sandra es todo lo opuesto. Con dos años menos que es castaña, más delgada y más alta que Mónica, y prácticamente sin trasero y pecho. Es una muchacha abierta, risueña, alocada, que no para ni un instante. Una enorme bebedora con la que me he corrido una de las mayores fiestas de mi vida. Si tuviese que definirla sexualmente afirmaría que es proactiva, da tanto como recibe, no se corta por nada y le chifla probar.

Cuando teníamos once años mi hermana mayor nos presentó en tanto que acostumbraba a salir con la hermana mayor de ellas. Enseguida simpatizamos los 3 y comenzamos a salir. Desde un primer instante no supe como de las 2 me agradaba más en tanto que siendo tan diferentes entre sí, lo que no tenía una lo tenía la otra. En cambio lo tuvieron más claro: les agradaba a las dos y no cejarían en su empeño hasta lograrme.

A lo largo de toda nuestra adolescencia acostumbrábamos a salir juntos, ir al cine, a tomar algo, etcétera Y a lo largo de todo ese tiempo se fue cuajando una profunda y perdurable amistad. Recuerdo bien la primera vez que besé a Sandra, fue en la obscuridad de un cine, en las filas de atrás mientras que Mónica hacía lo propio con otro amigo mío que había convidado a fin de que no se quedase “sosteniendo las candelas”. ¿Por qué razón me decidí por Sandra? Puesto que lo cierto es que fue Mónica la que tuvo la culpa. Con insistencia me comentaba lo mucho que le agradaba a su hermana y las ganas que tenía esta de estar en solitario conmigo. Eso, unido a que era más abierta en el tema sexual, hizo que me inclinase de forma decidida por ella. Si bien naturalmente ya antes le comenté a Mónica que ello no quitaba el que me prosiguiera agradando locamente y que asimismo cobijaba la esperanza de besarla cualquier día, cosa que ocurrió un mes después en su casa. Yo la había acompañado a la puerta de su casa cuando volvíamos de una celebración y terminamos enrollados a labio partido.

Desde un primer instante las dos se pusieron conforme, y se prometieron no pelearse por mí para no destruir nuestra amistad. Quizá os extrañe esta relación, mas lo tuvieron claro desde el comienzo. Nos agradábamos los 3, estaba claro. De esta forma unas veces estaba liado con Mónica, otras con Sandra y en ocasiones cada uno de ellos de los 3 estaba con alguna otra persona diferente. Esto tampoco era un obstáculo a fin de que prosiguiéramos besándonos allá donde nos hallábamos. Durante nuestras vidas hemos yacido juntos en muchas ocasiones, aun cuando las dos tenían novio con años de relación. Nos agradábamos, nos queríamos, una enorme amistad nos unía ¿por qué razón no podíamos gozar de ello?

A lo largo del verano siempre y cuando podía subía a la sierra a su chalet para bañarme en su piscina. Jugábamos al coge-coge en el agua y entre tanta ahogadilla, roces, cuerpos frotándose y chapuzones siempre y en todo momento terminaba más caliente que el palo de un churrero. Ellas acostumbraban a reírse de mi tremenda erección y solo podía decir que la culpa era suya por estar tan buenas y ponerme de esa forma. Cuando salíamos de la piscina acostumbrábamos a jugar al escondite. El que cogía a ciertos otros podía solicitarle que hiciese lo que quisiese. Al comienzo estas “pruebas” consistían en besos, entonces fueron subiendo de tono y pasaron a ser el visionado de los órganos sexuales de la otra persona o bien los primeros tocamientos de nuestros sexos. Cuando concluyó ese verano sus progenitores se apartaron y debieron irse a vivir a otra urbe a 2 horas de carretera.

A lo largo de toda la pubescencia sostuvimos el contacto a través de cartas postales. Acostumbrábamos a escribirnos una y hasta 2 cartas por semana. Nos lo contábamos todo, desde como nos iba en el instituto a como había sido nuestra última conquista. Asimismo fue por carta como nos describimos nuestra primera experiencia sexual. Muchas de estas misivas eran pequeños relatos rosas de fantasías que nos agradaría hacernos mutuamente, las que soñábamos pode efectuar cualquier día. Ellas toda vez que podían me escribían separadamente acostumbraba a mandar una sola carta con hojas separadas para cada una de ellas, si bien sabía que entonces se intercambiaban las cartas entre si.

Cuando su madre creía recomendable volvía a la urbe para poder visitar a sus tíos y a su abuela, entonces volvían a mi vida. Estas visitas acostumbraban a coincidir con las vacaciones veraniegas, las navidades y los puentes de más de dos días festivos. En ocasiones venían las dos, otras solo una de ellas. No importaba, viniese quien viniese siempre y en toda circunstancia terminábamos liados, unas veces con Mónica, otras con Sandra, mas jamás con las 2 al unísono o bien en exactamente la misma visita, si bien ya sabían que era una de mis mayores fantasías. Del mismo modo, toda vez que podía, era el que las visitaba.

Como es lógico con el paso del tiempo habíamos alterado los besos y tocamientos por magreos y masturbaciones mutuas, y por último por practicar el sexo claramente y sin tapujos.

Mónica y Sandra vinieron de viaje a mi urbe en verano para pasar dos semanas en el chalet de su tío en la sierra. Vinieron acompañadas de su madre y sus hermanas pequeñas, con lo que ciertos días debían hacer de canguros y no podían salir las 2 al tiempo. Esa temporada, como cualquier otra, no sabía con quién terminaría enrollado de las 2, mas fuera la que fuera me daría dos semanas de diversión y puro placer.

El viernes del primer fin de semana que estarían en la urbe fue Mónica la que tuvo la noche libre mientras que Sandra se quedaba en casa. Estuvimos tomando ciertas copas y al final de la noche como llevaba motocicleta me solicitó ir a una zona elevada lugar desde el que se podía ver toda la urbe, zona que además de esto era de todos conocidos que iban las parejas a tener relaciones íntimas. Cuando llegamos Mónica estaba temblando de frío y la abracé por detrás para intentar calentarla. Ella guardaba silencio, que fue roto para indicaciones de lo bien que se lo debían estar pasando las parejas que había en los vehículos desperdigados por la zona. Mi contestación – “eso asimismo lo podemos hacer “- fue el banderazo de salida a fin de que diésemos brida suelta a nuestras pasiones. Cuando todo acabó la acompañé a casa cuando ya amanecía y volví a la mía para un justo reposo.

Al día después fue Sandra la que podía salir y Mónica la que guardase cuidado de sus hermanas. Por aquel entonces tenía diecinueve años y hacía poco que tenía mi turismo, con lo que prometí que iría a recogerla en él y de esta manera poder salir más cómodos. Un cine, algo de cena veloz, una copa en un bar de tranquis y directos para casa. Cuando llegamos Sandra informó por el telefonillo que ya estaba allá, con lo que Mónica salió a saludarme y echarse un pitillo con nosotros, entonces volvió a entrar en el chalet. Cuando informé de que me iba a ir Mónica me acompañó al turismo y por sorpresa me asaltó contra la puerta y me soltó un apasionado beso que como es lógico respondí, si bien un tanto sorprendido eso sí. Al final nos calentamos y acabamos haciendo el amor en el turismo a la luz de las farolas.

Si bien siempre y en todo momento había estado liado con una o bien con otra, jamás lo había hecho al unísono, esto es, en exactamente el mismo periodo. No sé si lo habían hablado alguna vez, mas no sabía la reacción de Mónica si se enteraba. Medio sorprendido, medio desvariado, no dejaba de meditar en las posibilidades que se me abrían con esta nueva situación.

Al día después, domingo, me invitaron a comer en su casa. A lo largo de la mañana estuvimos bañándonos en la piscina y después tuvimos una opípara comida en el porche. En la hora de la siesta, su madre decidió bajar con sus hermanas a la urbe para adquirirles algo de ropa, con lo que nos dejaron solos toda la tarde.

Como hacía calor nos dirigimos al cuarto que las dos compartían y empezamos a conversar. Mónica se quejaba, como prácticamente siempre y en toda circunstancia, de que no estaba a gusto con su cuerpo, cosa que refutaba alabando sus tetas perfectas y magnífico trasero. Ella se ponía roja y aducía que Sandra al contrario hallaba que una de sus mamas era mayor que la otra; cosa que era cierta mas que aduje que no se apreciaba cuando las tenías entre las manos. Risas y más risas forzadas. No sé de qué forma, mas al final la discusión terminó discurriendo cara la homosexualidad y el porqué a los hombres nos daba tanta vergüenza el cogernos de la mano cuando estábamos públicamente, y más si de un beso se trataba. Ellas defendían que no pasaba nada malo si 2 mujeres se daban un pico para saludarse y para demostrármelo de este modo lo hicieron.

Autor entrada: casero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *